Inauguración Sábado 30 de Mayo del 2026 a las 18 hrs.
(Abierta al público del 30 de Mayo al 30 de Junio del 2026)
Música de Goles.
(Exhibición gráfica)
por. - RATONCITO PÉREZ.
A riesgo de caer en el lugar común de escribir de manera general sobre el juego del futbol cuento mi propia experiencia, pues no es lo mismo, aunque sea igual.
Mi abuelo paterno, José Antonio Pérez, nacido con el comienzo del siglo XX en Córdoba, Argentina, era doctor y vivió exiliado en los Estados Unidos de Norteamérica durante la Segunda Guerra Mundial. Fue un hombre al que nunca tuteé y, de quien se sabía, se fue con amigos por el Río de la Plata al Estadio Centenario, con el firme propósito de asistir a la final que disputaba Argentina en el Mundial de 1930, en Montevideo. De regreso de Uruguay, lo abandonó la segura convicción juvenil en el futuro, viendo cómo una muy nueva y originalísima idea para hacer del mundo algo más pequeño y habitable se corrompía definitivamente por las intenciones de un Benito Mussolini en la Italia de 1934, evidenciando la demagogia uruguaya de acoger la primera copa del mundo, aduciendo el centenario de su independencia. Para él, por ese entonces, todo era uno y lo mismo en comparación con la velocidad trepidante de este milenio, y en 1939 se radicó en Estados Unidos de Norteamérica con su familia.
Mi papá, de destino arqueólogo exiliado en México, me explicó de visita en las ruinas prehispánicas de Oaxaca, el sentido del juego de pelota donde sólo los vencedores del encuentro ganaban su lugar en el "paraíso" en un merecido sacrificio ritual. Con esa misma lógica, cuando veíamos en televisión algún encuentro de la selección argentina o mexicana, él ocupaba el lugar de quien espera enfrentarse a un excelente equipo del que conviene aprender a superarse a uno mismo, que es, finalmente, de lo que se trata ganar, y no que los otros pierdan. Esperaba un juego con reglas como en la vida.
Mi hermano, periodista y padre de un niño, había tenido la quinceañera ocurrencia de comprar, con el cambio restante de las compras del supermercado que teníamos a nuestro encargo cada semana, un juego de mesa "Chuta-Gol" que anunciaban hasta bajo las almohadas. Evidentemente, yendo contra cualquier lógica de la economía familiar, compramos el fantástico juego y los castigos consecuentes de una madre abnegada. Lo que yo puedo aducir a su favor es su convicción por un fútbol para todos, un juego que por ese entonces ya había trascendido más allá de la cancha y el balón, que bien podía haberse tratado del tenis, el ciclismo, etc., pero que históricamente fue el fútbol. Es su concepto de por qué, así como hoy son las cosas, tal vez ya no lo sean mañana... esperando jugar pimpón.
El Mundial México 1986 trajo para mi, un niño de 12 años, una pertenencia simbólica por primera vez. Es politiquería creer que los pueblos hospitalarios que acogen a los desplazados pasan a la historia encomiados por su humanitarismo, el desarraigo es cruel e insaciable siempre. Para conocer el futbol hay que verlo a través de historias personales, eso es la Música de Goles.
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