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miércoles, 20 de abril de 2016

Dossier para Dudumdush de "Metrópoli".


Metrópoli no es un pájaro, no es un avión, no es Superman. Pero Metrópoli sí es un domingo 7, una tontería, un comentario inapropiado: se trata de un conjunto de obras que desea dislocar el orden predeterminado del tiempo y espacio. En pocas palabras, Metrópoli son solo unos dibujos.
Comencé en las artes visuales al obtener una pequeña beca para asistir al estudio del artista Miguel Melcóm, quien me introdujo al AUTOMATISMO. Esos tres meses dieron como resultado una serie completa de trabajos que, poco después, conformaron mi primera exposición individual, Bestiario. Todo ocurrió en Argentina, en los años 90’s, y fue mi primer logro personal en las artes visuales.
EL CÓMIC Y EL POP son de los medios más eficientes de comunicación. Su idea principal es llevar a un nivel creativo lo cotidiano. Se trata de experiencias hechas de y para la calle. La calle es de todos—y no hay muchísimos espacios con esta cualidad.
En cuanto a mis referencias, el cómic BLACKHOLE de Charles Burns es un buen ejemplo. La obra gira alrededor del antes y después de la primera experiencia sexual y los aterradores alcances de una decisión personal. Coito Ergo Sum. La historieta resulta una mención importante de las actuales relaciones sentimentales y sus conflictos emocionales.
Mi obra reciente es un retorno a las cuestiones básicas. Un intento de emancipar y dislocar el orden predeterminado del tiempo y el espacio. METRÓPOLI es una solución imaginaria a estos reveses. La muestra en exhibición consta de una serie de 10 impresiones digitales y se exhibe en el Centro de Cultura Romita (Plaza Real Romita #28, Col. Roma Norte, Del. Cuahutémoc, Ciudad de México) del 15 al 29 de abril del 2016. Se podrá visitar de lunes a domingo de 9 AM a 9 PM.
Mis IDEAS CREATIVAS germinan en el proceso de tomar conciencia de mi persona. En este desarrollo son fundamentales mis relaciones familiares, los amigos, el intercambio laboral, etc.
Históricamente, LA CULTURA HA ESTADO POSPUESTA POR EL PODER, con sus crisis de mayor o menor intensidad. Es una situación que perdura hasta la actualidad. Aun así, el arte y la política tienen un lugar común, son imágenes o ideas que sustituyen la realidad. Los surrealistas supieron entender y aprovechar esta condición. Con el paso del tiempo, involuntariamente el sistema ha integrado y asimilado a su favor la misma circunstancia. ¿Acaso no es “Gaviota" la esposa del presidente mexicano?
El MURALISMO fue una comunión inteligente entre el estado y la cultura, o al menos afortunada. De esa unión se ha perpetuado entre los mexicanos la conjetura de lo importante y provechoso de la creación artística. Sin embargo, lejos de mis intereses personales está el introducirme a la política, unirme a la religión o integrarme al mainstream. Todos somos excepciones.
Durante los años 80’s eran ilícitos los CONCIERTOS DE MÚSICA bajo el criterio de una ley ridícula que prohibió durante años las conglomeraciones y concentración de personas en un solo lugar, aunque fuera en un concierto. En los 90’s, el reunirse y aparecer colectivamente en las tocadas de rock fue trascendental para después manifestarse en la calle por consignas políticas.
Las CONTRADICCIONES dentro del sistema siguen existiendo y hay que aprender a aprovecharlas. La propaganda oficial para promover la lectura, las aparatosas cirugías de senos y glúteos tan de moda, el estilo de vida sana impuesto de manera hegemónica—entre otras elocuentes imágenes—son muestras tangibles del deterioro de la cultura a manos del sistema.
Viendo en retrospectiva, me doy cuenta que todavía pasarán muchos años más para que mi trabajo encuentre y promueva sus propias MEMORIAS. Según mis propios cálculos, espero dejar de estar angustiado a este respecto en aproximadamente unos 10 años.





Gráfica Digital // Serie de 10 imágenes impresa a pedido –CtPrint– en papel // 61 cm x 81 cm // México, 2016












domingo, 3 de octubre de 2010

Imágenes de la serie "Transferencia" en el Museo MACAY.












"El unicornio violento y el almohadón azul."
Transferencia, de Camilo Pérez Aguad
Por Christian Núñez Tello (www.conejobelga.blogspot.com


En un ataque de lógica, entras a la sala 2 del MACAY un domingo por la tarde convencido de que es más fácil visitar las exposiciones los días posteriores a su inauguración. Lees primero un anuncio: «utilizo el “transfer” como posibilidad creativa y despliego con ella las inquietudes personales de mi vida y mis vivencias. En la serie de viñetas, titulada precisamente Transferencia, intento transformar circunstancias generales en particulares; pruebo transferir, gracias al “privilegio del dibujo”, una dignidad a nuestro ser cada vez más acosado e indefenso por una sociedad generalizada y global. Lo digo todo, no como denuncia, sino a manera de platicar cómo es que me las arreglo en la vida.»

Rápidamente, las caras de quienes vieron las piezas el Día D salen a empujones de tu memoria. Sus rostros fluctuaban entre la aceptación y el desconcierto. La composición, la técnica, las dislocaciones semánticas. Allí donde veían un elogio del amor, el lenguaje era irónico, directo y hasta cínico. Las mujeres desnudas ostentaban el toque de las vedettes del cine de ficheras. El monstruo de la laguna verde abrazaba una bella dama en topless. La gente no se escandalizó, claro. Y tampoco hizo mayores comentarios, claro. Lo recuerdas y las circunstancias adquieren un matiz surrealista, dadaísta, buñueliano. La lógica no aplica en este cuento.

Él es Camilo Pérez Aguad –«el clásico maniaco-depresivo», dice uno de los transfers con su autorretrato. Si lo tuvieras cerca le preguntarías qué tan en serio habla. Pongamos que lo tienes cerca. Le preguntas si habla en serio. Él responde:  «Ja!... sólo debería quedar como chiste y no dar una explicación que lo eche a perder... aunque (efectivamente) detrás de un chiste se encuentra una buena dosis de verdad. A veces enloquezco (ya con menor frecuencia) y hago todas esas cosas que están narradas en mi autorretrato. ¿Notaron que en realidad se trata de una imagen de Agustin Lara?, es nada más puro "bolero"... Ja!» Esa risa tiene parientes: el «Jo!» de Holden Cauldfield en El guardián entre el centeno.

Mironeas una vitrina de cristal saturada de objetos con curiosidad obsesiva. Antes ya te has cruzado con el unicornio rojo que asoma del estuche en forma de labios, sostenido por dos manos y un almohadón azul. Son Dalí y David Lynch en pleno cotilleo. Transferencia –algo así como un viajecito psicodélico por la mente de Camilo– tiene el argumento de una película que cruza Un perro andaluz con El santo contra las momias de Guanajuato. Un bestiario de personajes absurdos y pintorescos para el cual Camilo ya tiene nombre: La Asociación de Ideas S.A. de C.V. ¿Referencias? Novelas gráficas ochenteras y noventeras, Basquiat, Frida Kahlo y la Gran Familia Surrealista del Universo.

Las piezas transferidas fueron hechas con un bolígrafo, plumones de colores, rotulador y líquido corrector blanco sobre cartón ilustración. Mujeres deudoras de Lina Santos o Angélica Chain, caballeros con rictus de risa grotesca. Y están los ready-mades caprichosos. Un guadañador y otra criatura envuelta en una tela color violeta a lo Man Ray, en la que notamos la fisonomía de un rostro, titulada misteriosamente “Crisis”. Camilo está jugando a la resignificación de las cosas, a la inter/para/meta textualidad, y lo que en apariencia carece de sentido porque no articula un discurso racional es una crítica –tal vez tardía– y una burla –siempre refrescante– de los valores racionales.


«Transferencia se entiende bajo esa óptica», piensas, y sales del museo hacia la plaza del Centro Histórico. Y es como si el Efecto Transferencia se hubiera fugado a las personas y los acontecimientos de la calle. La incoherencia, la súbita intervención del caos, el sueño colectivo y el simulacro. El surrealismo auténtico. Lo primero que haces al llegar a tu casa es mandarle un mail al artista y preguntarle si puede responder algunas preguntas. Y lo hace; sin embargo, las grandes preguntas quedan sin solución. ¿Cuáles son los límites entre la ficción y la realidad? ¿Dónde está el mapa y dónde el territorio? ¿Cómo distinguir entre el original y la copia? Eso nadie lo contesta.

Camilo Pérez Aguad nace en Argentina en 1974 –donde por circunstancias azarosas cursó el profesorado en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón– y radica en México desde 1977. Se ha desarrollado laboralmente en distintas áreas como ilustrador, restaurador y asesor de locaciones fílmicas. Dirige en la actualidad la edición grafica del netzine Apolorama [www.apolorama.com] y afirma categóricamente que «el amuleto que todos deben llevar hasta la llegada exacta del año 2011» es un monstruo de la laguna verde recortable con una vedette desnuda en primer plano, a la altura de sus brazos escamosos. No se diga más.